Otra vindicación de la ebriedad


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acuérdate de mí­ (en los dí­as de tu juventud)(?)



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1. (Abro la Biblia al azar: del llanto junto a los ríos de Babilonia al Eclesiastés y su árida sabiduría a los sonoros afanes de Job a la revelación y la gran voz como de trompeta: este año nadie ha nacido en el pesebre.)
2. Las ebriedades son el estado mejor del ser humano: demasiado alcohol corre en mis arterias, me cubre los brazos, las piernas, el torso, llega al cerebro, se lo acaba de a poquito, toma la memoria, le da una machincuepa y me la devuelve pastosa, blanda, o no: la lanza contra la pared y yo veo los pedazos caer al suelo, trato de recogerlos pero tiendo la mano y no toco nada, todo es móvil, transparente o borroso, cada recuerdo es de mercurio, se deshace si lo toco y se rehace a su capricho, absurdamente, se une a otros recuerdos, o no: mi cerebro es prístino, se ve todo ahí, todo mi pasado vive al mismo tiempo, relampaguea como un aleph, gira a una velocidad imposible, y el cuerpo siente todo, una mosca se posa en mi antebrazo y su peso es inaudito, camina y su roce manda señales hasta la columna, señales que suben a la parte baja del cerebro como una ola de calor, el hielo del vaso derrama una gota que me cae en el pecho, siento escalofríos, los dientes me tiemblan, los sentidos se han multiplicado por mil, o no: no puedo hablar, nada responde, camino pero no siento el suelo, en la cama soy un bulto, en la mente no hay recuerdos ni estímulos ni nada, el cerebro es un trozo inerte de tejidos, nada más, y abro los ojos: el día odioso se ha alzado sobre el centro de la ciudad de México, por 5 de Mayo suben las notas tercas de un flautista conchero, Motolinía reverbera como un caracol escandaloso, las pestañas son hilos de vidrio con aumento para que el sol las penetre y queme la vista, del centro de las pupilas sale humo.

3.
Baudelaire y De Quincey supieron esa verdad. Aquél escribió, por ejemplo, Il faut être toujours ivre. Tout est là. Siempre hay que estar ebrios: he ahí la única cuestión. Pour ne pas sentir l’horrible fardeau du Temps qui brise vos épaules et vous penche vers la terre, para que no sintamos el horrible peso del Tiempo, pero ebrios de qué, se pregunta ese gran jefe: De vin, de poésie ou de vertu, como gustes, pero hay que embriagarse. El vino nos habla desde el fondo de sí mismo, establece un cuchicheo cariñoso: “Desheredado, hombre, desde mi prisión de vidrio te envío un canto lleno de luz y hermandad; sé cuántas penas, cuánto sudor, cuánto ardor de sol sobre tu espalda es necesario para animarme: no seré ingrato: iluminaré los ojos de tu mujer, daré fuerza y color a tu hijo, afirmaré los músculos de los luchadores; y caeré en ti para que de nuestro amor nazca la poesía, y que se alce hacia Dios como una flor.” En sus Confessions, De Quincey prefiere otra ebriedad: “¡Opio, temido agente de placer y dolor inimaginables! ¡Qué sonido sin sentido era entonces! ¡Qué acordes solemnes resuenan ahora en mi corazón, qué vibraciones de remembranzas tristes y felices! …Era una tarde de domingo, húmeda y sin gozo: y espectáculo más apagado esta tierra nuestra no tiene que ofrecer que un domingo de lluvia en Londres. Mi camino a casa iba a través de la calle Oxford; cerca del majestuoso Panteón, vi una botica. El boticario –¡ministro inconsciente de placeres celestiales!–, como en simpatía con el domingo lluvioso, se veía apagado y estúpido, como cualquier mortal boticario se vería un domingo: y, cuando pedí la tintura de opio, me la dio como me la habría dado cualquier hombre: más aún, de mi chelín me devolvió lo que a todas luces era un tostón de cobre real, extraído de un cajón real de madera. Y sin embargo, a pesar de tales indicios de humanidad, él ha existido desde entonces en mi mente como la visión beatífica de un boticario inmortal, enviado a la tierra en una misión especial para mí…” En un sueño de opio, el Diablo le dictó al orate Coleridge las imágenes desaforadas, eróticas, de Kubla Khan, como ésta:

But oh! that deep romantic chasm which slanted
Down the green hill athwart a cedarn cover!
A savage place! as holy and enchanted
As e’er beneath a waning moon was haunted
By woman wailing for her demon-lover!,

y todo está encendido, como cuando despiertas en el centro de un diamante –That sunny dome! those caves of ice!–, y es como si la luz, inmenso piélago de pastura amarilla en que los ojos pacen, no fuera a extinguirse nunca. (¿O es al revés? Para extinguir la luz, Huxley eligió el camino de la mescalina e, incapaz de hablar, tendido en la cama de la que ya no iba a levantarse, escribió una última nota: “
LSD, 100μg, im”: cien microgramos, inyección intramuscular...)

4. La ebriedad es nuestro único Leteo, nuestra única fuente de olvido, nuestra única posibilidad de modificar el pasado. Dice el vasco Karmelo:

No sé con quién estuve,
ni dónde,
ni a quién le dije algo
lo suficientemente fuerte
como para acabar a golpes por el suelo
y que ahora me duela hasta pensar...

Y L.A. de Cuenca: “Fue una idea malísima la de volver a vernos”, intercambios de insultos, reproches de “viejas y sórdidas historias”, un “sonoro portazo”, y el final inevitable:

Bebí entonces. Bebí como los escritores
malditos de hace un siglo, como los marineros,
y borracho vagué por la casa desierta,
cansado de vivir, buscándote en la sombra
para echarte la culpa por haberte marchado.
Primero una botella, luego dos, y de pronto
me puse tan enfermo que conseguí olvidarte.

Más allá de una caña mediocre o una tacita de aguardiente, Borges no conoció la ebriedad. No sorprende, entonces, que haya podido escribir: “El mundo, lamentablemente, es real; yo, lamentablemente, soy Borges.” La ebriedad, venturosamente, es nuestro único antídoto contra la realidad, que parece de fierro. Ebrios, venturosamente, nosotros no somos nosotros.
ps. Hubo jaquecas que retorcían el cuerpo entero; hubo acostones en el baño y en la cama; hubo lechón del Casino Español; hubo encuentros y un desencuentro (el único que importa); alguien faltó a la regla de no intentar suicidarse, para el escándalo de un excusado empapado de sangre y para la indiferencia o la mofa de todos los demás (mi buen Andrés, ya Mauricio te dejó pagado un baño en los Señorial, para que termines la labor que interrumpimos); hubo besos y caricias; aparecieron Tlacuiloco, Maru y Adictvm, Salvador, Mapiro, Rubén y Peñaloza... Más extraño que todo eso fue probar, el viernes 30, el opio de Adrián, el boticario lluvioso como tarde dominical de Londres: oloroso a pantano, apendejante, doliente y (lástima) increíblemente poco.


25 comments

  1. Anonymous Anonymous 

    Caray, y yo, inconscientemente consciente, me quedé atrapado en «maldito diciembre 2005».

    Veo que la ebriedad fulminó a todos tus amigos. Yo que ni sidra barata tuve, estoy aquí, como al niño que sus papás lo botan en la escuela tan temprano que ni la misma escuela está aún abierta.

    ¡Salud!

    ···0···

  2. Anonymous Anonymous 

    la imagen del niño está bien lograda: en efecto, la escuela está cerrada, los maestros siguen en sueño profundo y los de intendencia se niegan a aceptar el fin de la madrugada.

    salud, pues.

  3. Anonymous Anonimo 

    Es difícil no imaginar la lluvia,
    es como caminar viendo en punto
    fijo qué nos hizo daño ... no
    quise alejarme. Solo pensé en
    aborrecerme.

  4. Blogger alonso ruvalcaba 

    en respuesta a dos comments perdidos entre sándwiches y efemérides de 1997:

    - para mr spock: bienvenido desde la vieja antronáutica; ha habido una gorda lista de notas sobre tacos que ahora mismo estoy recopilando, apoyado también en una guía divertidísima de manuel y marisela.

    - para SMD!!: en efecto, si las llegadas y las partidas pudieran intercambiarse (y aun si no), santa must die. lo lamentamos mucho, en verdad, por duro y por seco como su puta madre. un abrazo desde acá.

  5. Blogger tonatiuh 

    Salut i bon any nou! yo recibí el 2006 con las mejores de las malas compañías, comiendo y tomando mucho cava, oyendo al Recodo a todo volúmen. No hizo tanto frío como el año pasado y hasta paseamos maletas en la calle.

    Les mando un abrazo muy fuerte.

  6. Blogger Tlacuiloco 

    De regreso, en el Taxi, comentabamos Marugenia y yo:
    "carajo, que personajes ¿como retener en la memoria tanta energia?"
    No hay uno solo que haya estado fuera de lugar....Todos nos gustaron y quedamos mas embriagados de hospitalidad que de vino.
    Terminamos la madrugada en otro lado, pero lo importante sucedio dentro de mi computadora, en Motolinia...
    Un pais joven, un pais blogero.....me saca una sonrisa y me dan ganas de vivir.

  7. Blogger adictvm 

    ¡Bebamos!
    Libemos sin límite cada día de este año. Hagamos del 2006 una Dionisiada perenne, una exultante bacanal que embote nuestros sentidos hasta el próximo 30 de diciembre.¡Salud a todos!

  8. Blogger Tlacuiloco 

    Y un saludo especial a:
    por supuesto al enorme anfitrión y sus magica ubicuidad.
    Al enorme cronopio Gabo
    a la hermosa Rocio, quien nos entretuvo con sus patoaventuras
    A Gustavo, con quien comparto recuerdos generacionales
    a Mr. Davidson, quien nos catigo al no llevar la guitarra.
    A ella, que ponia la musica y que me tuvo paciencia...
    Y a todos los que conoci y cuyos nombres se perdian entre las notas estridentes.....
    A aquel que se despidio tan amablemente, un personaje alto y terriblemente caritativo al decirme que le gustaban mis viñetas

  9. Blogger Tlacuiloco 

    Y al Negro..¿como olvidar al Negro?....surtidor simpatiquisimo.

  10. Blogger guhz 

    desde aca les va mi mas embriagada envidia, desde aca retuerzo mi sombra y salto como chapulin en comal, no pude estar ahi, y embriagarme o suicidarme, o solo decirle 2005 achingar a tu madre en malsana compañia, violenta y radiante, va pues un abrazo y un salud!!!

  11. Blogger alonso ruvalcaba 

    lástima, mi querido guhz, pero tampoco es de preocuparse demasiado: tarde o temprano, en ese departamento o en cualquier otro, vamos a armar más reventones de entre cuatro y ochenta invitados y, júralo, te vamos a incluir.

  12. Anonymous isabel 

    Hubo lechón del Casino Español!!! Noooo, cómo? Au contraire, la sangre en el baño me parece de muy mal gusto pero bueno, todos tenemos nuestros momentos nada comme il faut…Siento también haberme perdido los besos y caricias que son mi fuerte (je, igual que el vino). Y me encantó recordar a De Quincey, de las mejores lecturas del muerto 2005 y que me llegó por recomendación tuya, Alonso. Gracias!

  13. Blogger alonso ruvalcaba 

    el lechoncito llegó hacia el final, y su grasa fue reconstituyente. también, en algún punto, apareció una pizza --pero de ésas. y sí, la sangre fue literalmente inexcusable.

    qué bueno que de quincey entró en tu lista. es adorable.

  14. Blogger adictvm 

    Alón:
    ya podrás hacer un adendo a las memorias de un fumador de opio ( es de De Quincey no?) aunque haya sido de refilón...
    Parece que lo bueno y lo desagradable vino en cuanto me fui. Ya será la próxima.

  15. Anonymous alónimo 

    más bien, querido adictum, lo bueno no terminó hasta que se fue el último, como 24 horas después de que llegó el primero. o sea que estuviste en una muy buena parte. venturosamente, lo malo es lo único que te perdiste.

    a propósito, el libro del opio sí es de de quincey. si no lo tienes o nomás te dan ganas de bajarlo, lo encuentras acá.

    ps. estoy totalmente de acuerdo con tu propuesta de arriba. al fin que ya sólo faltan 362 días para el próximo 30 de diciembre. un gran abrazo.

  16. Anonymous Anonymous 

    Wow! Todo suena exquisitamente caótico. Ojalá fallen las cuentas y no tengan que ser 362 días los que pasen para el próximo encuentro.

    Athewa

  17. Anonymous sandrito 

    inexcusable wey?

    recuerdo pocas mañanas en las que me haya reído tanto...

    en fin: en la lista faltó la del fondo de pantalla de mi celular, acostada en la esquina de la cama, en posición fetal. un deleite que hizo palidecer a su acompañante -el más celoso de los dos o quince que llevaba-, al grado de apagarnos la luz cuando todos contemplábamos ese involuntario espectáculo de medianoche.

    ay, me duele recordar que ya no estoy ahí.

  18. Anonymous alónimo 

    pus sí, debí ponerle unas comillas a ese "inexcusable" para transmitir el tonito que estaba intentanto. en fin!

  19. Blogger manuelito acuña 

    sandrito,

    el espectáculo de medianoche y sus consecuencias me recordaron a unas líneas de wells que tal vez conozcas: try as we may to stay those delightful moments, they fade and pass remorselessly; there is no returning, no recovering, only for the foolish, the vilest peep-shows in dens and darkened rooms...

    [acuñando manuelas]

  20. Blogger Rochillíto 

    Manuel, ¡oh que gusto de volverte a ver!.

  21. Blogger manuelito acuña 

    andaba medio perdidón, sí. oye, rochillito, ¿dónde quedó tu blog?

  22. Anonymous gonzalo 

    Pues yo no sé, pero no metabolizo el alcohol y no siento todas esas bellezas que relatan los borrachines a mi alrededor. Tal vez deba intentar con drogas más pesadas

  23. Anonymous dazed or confused 

    ¿que tán bloggero se debe ser para desconocer -con insistencia- que De Quincey is the original English Opium Eater?

  24. Blogger ebrocken 

    Hay una traducción de editorial Tor, de 1930 y pico, que traduce el título de "Confessions of an English Opium-Eater" como "Memorias de un fumador de opio". El término eater, que traducen por "comedor", el prefijo "-fago" o, como prefiero, "Come", por "Come-Opio", es extraño aplicado al texto de De Quincey, porque él bebía láudano. También comía opio crudo, como registran testimonios de la época y se infiere por el episodio del malayo, pero no es ésa la forma dominante de consumo en las Confessions.
    En cuanto a la ebriedad y la intoxicación en Baudelaire y De Quincey, seré estricto: no veo "vindicación" alguna. Las citas Alonso están bien hechas, porque funcionan en el contexto de la entrada, pero devueltas a sus autores cobran otra significación. En Baudelaire, ciertamente, la ebriedad suspende el dolor que inflige el tiempo, pero el tiempo nunca para, y la muerte avanza en las Flores de modo irreversible. Hay, además, un sentido crítico de la ebriedad: la ebriedad como ilusión o pérdida de la lucidez. Los aborrecidos progresistas, los aborrecidos neopaganos, los belgas, son todos ebrios, ilusos. Baudelaire no celebra eso: lo denuncia y hasta lo escupe.
    En De Quincey: el tema de la intoxicación está menos nítidamente definido, pero de ningún modo aparece como simple celebración. El juego entre la dependencia y la autonomía constituye el escenario del heroísmo moral en De Quincey, es el campo en el que se juega el sujeto. La apertura del campo de la visión que permite el opio está presentado como un rasgo divino, pero todo lo divino, como todo ángel, al decir de Rilke, es terrible, y el sujeto mortal no lo tolera. El elogio del opio que cita Alonso es una reescritura de un irónico elogio de la muerte en un libro de Raleigh.

  25. Anonymous Anonymous 

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