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Este texto fue escrito hace casi tres años; acababa de leer, excitadísimo, L’Amour et l’Occident, La llama doble, Love: An unromantic discussion, L’Amour fou, Innamoramento e amore, El matrimonio moderno, The love affair as a work of art, Eros, philia & agape... Nunca apareció en ningún lado. Ahora lo releo y me pregunto si aún pienso estas cosas. Ya no me acuerdo.
amor. m. Ninguna de las muchas definiciones de amor que dan los diccionarios ignora que la palabra viene del latín amor, derivada a su vez del verbo amare, que tiene entre sus primos el sustantivo amicitia; algunas sin embargo olvidan decir que la palabra llegó al español hacia 1114 y que en algún momento de su historia se fue al Languedoc, donde los trovadores inventaron la fins amor (ojo: por entonces, como la mayoría de los sustantivos terminados en -or, éste era femenino) o amor cortés, y la cargaron de nuevos significados: rebeldía, arrojo. Tampoco es común encontrar que el latín inventó sustantivo y verbo como una traducción de varias ideas griegas: êros, philia, ágape: la primera está como atravesada de cuerpos desnudos, en la segunda hay amistad también, en la última una suerte de virtud y se parece más a lo que hoy entendemos por caridad: palabras hermanas que el paso de los siglos ha distanciado. Lo podemos reconocer en los otros parientes, todos nacidos de la misma raíz.

Juan, amanuense del Espíritu Santo, en voz de Casiodoro de Reina escribe (1 Corintios 13:4): el amor es sufrido, es benigno; la Vulgata, en cambio, prefiere caridad: Caritas patiens est, benigna est caritas; ésa es también la elección de los sabios del rey James: Charity suffereth long, and is kind; no puede sorprendernos que los protestantes mexicanos tengan en su cabecera la versión de De Reina: Martin Luther también tradujo amor (Liebe), no caridad (Barmherzigkeit): Die Liebe ist langmütig und freundlich.

El amor, entonces, es sufrido y es benigno. Es, según la Academia en 1992, un sentimiento que mueve a desear que la “realidad amada” alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido; las Autoridades (en 1726) ya habían trazado una definición semejante: Afecto del alma racional, por el qual busca con deseo el bien verdadero, o aprehendido, y apetece gozarle. No está lejos de la simple e inalcanzable bondad. Por eso Luis Antonio de Villena pudo decir que cuando amamos somos capaces de cualquier buena acción.

“El amor, que no tolera que no amemos”, escribió Dante. Y sabía de lo que hablaba: construyó un libro perfecto para poder soñar que no era imposible reencontrar a Beatriz en los cielos concéntricos, una Beatriz que alguna vez le negó el saludo, que alguna vez se mofó de él entre amigas y que se atrevería a abandonarlo en el Paraíso. Dante entendió la preeminencia del amor, que no consideraba sustancia sino accidente: en el círculo de los lujuriosos compadece a los amantes Paolo y Francesca, llevados a la muerte por el amor: amor condusse noi ad una morte.

Ningún ser humano está tan cerca de la muerte como un enamorado: cada separación, cada palabra desdeñosa son desesperación y vértigo. También si el amor es correspondido: el amado, ese dios falible, nos ha elegido a nosotros, increíblemente. Es demasiada la Fortuna: sabemos que no puede durar. Cada día vencemos a las posibilidades, a los presagios funestos –y el enamorado, que es un arrojado, un extremista, tienta al azar, vive de esa descarga nerviosa y pregunta siempre: ¿me amas? “Si algo me sucede –escribió Meleagro–, riega con vino mis cenizas, te lo ruego, y antes de sepultarlas talla en la urna esta inscripción: Regalo del Amor para la Muerte.” Romeo y Juliet deciden que la muerte es la única manera de perpetuar el amor, que nace en contra de todo; Shakespeare, en cuyas obras aparece la palabra love, verbo y sustantivo, 2684 veces, rogaba a su amado que tuviera un hijo: tal vez así podría vencer a la muerte horrible y seguir siendo “del mundo fresco adorno”: the world’s fresh ornament.

Ningún ser humano, es la verdad también, está tan cerca del nacimiento como el enamorado: el mundo, reverdecido por un instante que se eterniza, contiene todas las posibilidades. Las calles parecen recién pintadas: exigimos por eso la detención del Tiempo, a gritos queremos pedirle que deje de cantar su triste canción de despedida. Dante, otra vez, es el ejemplo: antes de conocer a Beatriz poco o nada se podía leer en el libro de su memoria; el día de mayo de 1274 en que la conoció pudo escribir en ese libro: incipit vita nova, aquí empieza una nueva vida.

Amar, dicen los endecasílabos de Piedra de sol, es combatir. Es cierto: los amantes luchan contra los parientes y las estrellas en Shakespeare y contra Dios en Dante. En la vida diaria luchan contra la traición, contra los celos, contra la güeva. El amor tiene todo en contra porque es antisocial. Los amantes olvidan cualquier compromiso: adiós a la familia y al trabajo, porque sólo vale este instante y este instante es una vindicación de la vida y un ansia de muerte y la vida verdadera y la muerte sin fin no tienen lugar en nuestro odioso mundo de eufemismos. Los amantes tienen que desnudarse y enlazarse para devolvernos “nuestra porción de tiempo y paraíso”. Es mejor ser amantes que marido y mujer porque el matrimonio, a veces, es uno de los enemigos que el amor tiene que vencer. Piedra de sol otra vez:

“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después.

Hacer el amor: frase dichosa. Sobre esta cama, entre sus sábanas, en este sillón, en este auto, sobre esta mesa, no hay nada: espacio, aire. Hay que recostarse o inclinar el cuello o simplemente estirar la mano y hacer el amor. Para que en este espacio haya una cosa, para que la noche o la mañana o la tarde se cargue de signos y haya, al menos, algo que no es mucho: el amor.

Cosa alada y frágil, el amor siempre está a punto de morir o de emprender el vuelo. A punto siempre de ser antónimo de sí mismo: odio. Catulo escribió: “Odio y amo. Me preguntarán cómo es posible. No lo sé, pero así lo siento, y agonizo.” Y Villaurrutia: amar es una cólera secreta. Para Bono el amor es como una flor que lanza un alarido: love, like a screaming flower; y para Simon Bonney es un ascua que se extingue: love is like a dying ember.

En español, en portugués, en italiano, el amor es una casa: edificio de tiempo que quiere detenerse. De ahí que digamos enamorarse, que incluye la preposición latina in de lugar y de dirección. (Curiosamente no hemos creado una palabra que indique salirse de ese edificio: examorarse.) En francés y en inglés el amor es un abismo, un pozo: de ahí que no se diga ni enamourer ni to enamour, aunque los diccionarios conozcan esos verbos, sino tomber amoureux y to fall in love. Amar también puede ser caer, hundirse. (Dejar de amar es hundirse igualmente: nadie dice to climb out of love sino to fall out of love.)

Por eso, finalmente, ni el pasado ni el futuro: el tiempo del amor es éste. Hoy, ahora o mejor: ahorita. Este instante cuyo tiempo puede ser más breve que el tiempo que toma pronunciar la palabra: instante. Éste es el tiempo del amor: antes que se extinga, antes que se convierta en esperanza o en miedo, que son los dos perfiles del futuro; antes que se convierta en nostalgia o en reproche: tiempo pasado. Es cierto que asistimos siempre al fin del mundo: el instante amoroso, este instante, es nuestro monumento o nuestra única reconciliación posible con todos los mundos que hemos perdido.


Viena, diciembre 2002


Volver a la Roma

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para Blümchen [en defensa del ecosistema]

La primaria 21 de Marzo (“escuela de enseñanza y corazón” decía su himno) y su archienemiga la Benito Juárez –de cariño, simplemente, la veintiuno y la benito–, la una vestida de azul con blanco, la otra de azul con rojo, la una en Monterrey esquina Tehuantepec, la otra en Jalapa entre Tlaxcala y Aguascalientes, no sólo compartían las calles de la Roma y el odio mutuo: también la afición por la matutina golosina callejera. Yo, que pasé seis años en la veintiuno, lo puedo testificar.

Según el gran jefe Jeffrey Steingarten, nacemos con una natural inclinación por la sacarosa, y sí: hasta arriba en la pueril pirámide alimenticia de la cope (cooperativa le decían las maestras) estaba el grupo dulzoso. Hay quien lamenta que un México se haya terminado al final de los cuarenta, cuando la gente de Bimbo decidió meter sus donas en bolsita de plástico (antes las ponían en una charola así nomás, y a un lado el azúcar, que era de autoservicio); pero a nosotros nos fascinaba la cobertura acaramelada y pegajosa que les daba la mixtura del plástico y el rayo del sol de las doce del día sobre la plancha del patio. Antes de que se popularizara el Hershey’s Cookies’n’Creme (ojo: no cream), Tin Larín y su hermanastro pobre, el Bocadín, dominaron la combinación de chocolate (apenas nada) y galleta. Hoy se les ve, sobre todo, en piñatas. En La Perla (Monterrey esquina Tlaxcala entonces; ahora a la vueltecita) comprábamos Paletón Corona, tan sólo un poco menos infame que la Paleta Payaso, favorita de la benito. El Paletón portaba en la envoltura (aluminio de colores) un niño chapeado, sonriente, ligeramente infernal, y trataba de combinar texturas: crocante en la superficie de “chocolate” y chiclosa en el relleno de malvavisco. La Payaso agregaba a la espantosa mezcla unas gomitas como de plástico. (Un detalle que hubiera conmovido al Borges de “Magias parciales del Quijote”: el niño sonriente de la envoltura aquella sostenía en la mano un Paletón Corona que portaba un niño sonriente que sostenía un Paletón Corona, hasta el infinito.) El Gansito sumaba a la “crema” y el chocolate una suerte de pan interior y una mermelada que parecía de fresa. Era mejor comerlo congelado. Las congeladas (bolsas estrechas de un hielo verde, morado o naranja), a propósito, duraban unos cuantos minutos; el mejor de los Frutsis congelados era de mango; los Raspaditos piramidales lastimaban las comisuras de los labios y, cuando de grosella, pintaban de morado la lengua y el “bigote”, breve camino de pelos invisibles.

Abajo está el grupo alimenticio de los ácidos (a veces combinados con picante, a veces con dulce), en el que predominaban los polvos: en la Ely (Tehuantepec pasando Monterrey) comprábamos delgadísimas Tiritas: de sal con limón o sal, limón y chile; saludables Brinquitos, con notas de frutas tropicales (durazno, piña); el Miguelito y su primo líquido, el Chamoy, que traían un dibujo azul de Cupido y llevaban la astringencia a niveles inquietantes. En algún momento de la fabricación del Pulparindo y Los Botecitos intervenía, según sus autores, el tamarindo. El Pulparindo era una barra cubierta con “azúcar” (hoy los regalan en el Capicua al final de la comida); los Botes venían con una cubierta de celofán que debía chuparse. En 1983 los Nerds, mínimos frijolitos hechos de uvas, ácidos, colorantes y benzoato de sodio como conservador, sólo se conseguían en los escasos viajes que mis envidiables compañeros hacían a esas mecas del mal gusto: Anaheim, California –donde está Disneyland–, y Orlando, Florida –donde está Disneyworld. Luego pulularon en los bazares (Hotel de México, Pericoapa) y hoy los encuentras en cualquier miscelánea Lupita. (Me recuerdo buscando en un diccionario la palabra nerd. No la encontré; supuse que eran esos como animales ovoides que aparecían en la caja. No pensé, iluso, que a mí mismo se me podía aplicar el palabro, justamente por estar buscándolo en un diccionario...)

A diferencia de la mayoría de los alumnos de la veintiuno y, creo, de la benito, más que el Atari (que no tuve), más que los deportes, a mí me gustó el cine. Antes de la llegada del multiplex (y de su hija odiada: la parejita cinemex), en el Gloria, en Las Américas o en el Estadio, que sustituyeron un antro pinchísimo, una plaza gay también pinchísima y el repudiado (por mí, al menos) teatro Silvia Pinal –y a este, a su vez, una dudosa Iglesia Universal de Jesús–, se conseguían alimentos friqueantes: palomitas en bolsa transparente que coloreaban los dedos de “mantequilla”, muéganos que herían la dentadura niña, bolsitas de malvaviscos que eran como un poco de pintura envuelta goma y sándwiches amenos con una embarrada de algo que el empaque se empeñaba en llamar mayonesa, una rebanada de queso amarillo (¿o debería decir, en tiempos de denominaciones de origen: sustituto de queso tipo amarillo?) y una rebanada de jamón verde pastel...

Más allá de la burda nostalgia, más allá de la escuela –sistema jerárquico dominado por una panda déspota, escalera donde puedes pisarle el cuello a tus menores de edad o de estatura–, la Roma vive acaso en esos Brinquitos y esos sándwiches: avisos futuros que me eché por debajo de la puerta en el pasado.

¡aparecido en La Jornada, junio 2005!


Meleagro, Epigrama (Libro xii, Antología palatina)

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Si algo me sucede, amada mía
(y cómo dudarlo: mírame, yazgo
inmóvil y en los huesos), si mañana
soy del polvo, si ésta fuera la noche
última, riega con vino mis cenizas;
sabe que te amé y volvería a amarte
otras mil veces; sabe, y no lo olvides,
que por una palabra tuya habría
ejercido cualquier buena acción
y dejado atrás la flor de los muchachos;
que oí tu nombre en las voces más bellas
y tu amor fue un dulce adorno de mi vida.
Talla en un alto muro una inscripción.
Di que busqué en todo tu Belleza,
y no la hallé, y quise ser feliz,
como todos los hombres, y no pude.

Lo que quede es tuyo.

(¿2000?)


Desempance: se solicitan sugerencias

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I
En lo que
Rochillito y Chabeloesdios terminan de convocar a Superbarrio y organizar un reventón (dicen) de antología, he ido juntando material para una biografía literaria de los perros. (Se recibe poesía, narrativa, drama, ensayo.) Como este poemita de 1805 del gran jefe Wordsworth, en una versión vacilante. El original está aquí.

El amo en andares matutinos
sale a ver cómo están todas las cosas;
pasto tras otro pasto mira,
rebaño tras rebaño con cuidado;
lo acompañan camaradas
conversando o en silencio:
pares de cada raza, cuatro perros,
distintos por presteza o por olfato.

Salta de pronto una liebre:
aplicados los perros la persiguen;
cada uno es decidido,
están los cuatro en la carrera.
Y la liebre por instinto
sabe bien qué debe hacer.
No vira, la esperanza está muy cerca:
salta al río como una flecha.

Profundo era ese río, y cubierto
de la noche anterior por una escarcha;
confió la frágil liebre en aquel hielo:
logró cruzar sin accidente.
Cruzó y la siguen nuestros perros,
veloces siempre, sin recelo.
Y ¡mira! han roto el hielo tan endeble,
ya se hunde Dardo –el galgo.

Príncipe y Tragón hallan buen hado:
¡velos tenderse hasta su presa!
Música no se atreve a proseguir:
de golpe Música hace un alto.
Ni el deseo ni el corazón se atreven:
suyo es otro papel en este mundo.
Valiente y amable criatura:
quiere a su amigo salvar de la muerte.

De la orilla la pata extiende,
¡mano misma uno diría!
Lanza aullidos dolorosos
mientras Dardo el hielo quiebra;
nunca teme por su vida,
sólo a él cuida y procura.
Hace esfuerzos con un llanto;
se hunde su amigo. Y no aparece.

II
Está circulando en internet este cuestionario melómano. Algo tiene de entretenido. Bella Srita Masturbación (que será, supongo, cincuentosa), Michelle on the Road (que me imagino más bluesera), Isabel querida (probablemente menos pop), Su Alteza Serenísima, Guido (que acaso en algún momento mencione a CTacvba), buen Miguel, quiero leer sus preferencias...

- ¿Qué fue de lo primero que escuchaste en tu vida?
Ignoro lo primero que escuché, pero sí recuerdo lo primero que importó: Der Tod und das Mädchen de Schubert, en un ex convento en Tepozotlán. Estaba muy pero muy pinche mocosito.

- ¿Cuál fue el primer disco que compraste?
También La doncella y la muerte en una tienda de “música clásica” que estaba en la plaza Aristos, en Aguascalientes e Insurgentes, en la Roma.

- ¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Achtung baby de U2, en vinil, con las letras en francés, español, alemán e inglés.

- ¿Cuál es tu disco favorito para automóvil?
Cuando andaba en auto (¿1990?) uno que, a la vez, es un placer culposo: El diablito de Caifanes por La célula que explota (¡dios!). Ahora me divierto con el de Intocable (sobre todo cuando la gran gran Blümchen y yo fingimos que estamos tristes y ponemos “Fuerte no soy” y “Eres mi droga”) y RBD “Un poco de tu amor”: me gusta Rocío cuando lo baila, sentada ante el volante.

- ¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Futa: el de Insignia, aunque tampoco me siento orgulloso (nadie podría) del de Audioslave; en mi descargo: éste tiene la ventaja de ser pirata, e implica sólo haber gastado entre treinta y cincuenta pesos…

- ¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Definitivamente: el sencillo naranja fosforescente de Feeling so real, que traía el cover completo de New Dawn Fades de Joy Division. Triste cosa.

- ¿Cuál es el disco o dvd musical que adquiriste más recientemente?
The wire: tapper 11

- ¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Me da igual, francamente, pero recuerdo un buen momento con Bleu de Zbigniew Preisner y otro también muy divertido donde el cover de Can’t get my eyes off of you de Lauryn Hill se repetía interminablemente.

- ¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Ein deutsches Requiem del jefe Brahms para que me vaya al cielo; y cuando se acabe: Die Goldberg-Variationen, segunda versión de Glenn Gould (Sony), para que cuando llegue al cielo me dé cuenta de que sólo hay una catedral de hielo.

- ¿Cuáles son los 5 discos que te llevarías a una isla desierta?
Hoy nomás: Cole Porter: I get a kick out of you por el ingenio total (qué tal estos versos: You’re a melody / from a symphony / by Strauss, / you’re a Bendel bonnet, / a Shakespeare sonnet, / you’re Mickey Mouse!, o éstos: I’m a worthless check / a total wreck / a flop!); David Holmes: Come get it i got it (funk en Scots); dj Shadow: The private press por Blood on the motorway (“you haven’t betrayed your ideals / your ideals betrayed you / what you gonna dooooo?”); Tom Waits: Rain dogs por Tango till they sore (“when you play that tarantella / all the hounds they start to roar...”, y “make sure they play my theme song / i guess daisies will have to do” –otra para el funeral–, y “let me fall out o’ the window with confetti in my head”... genial); Tindersticks: Curtains por Rented rooms (“we have to go find someplace else / some more... you know” y esta otra: “and when the cab ride takes too long / we go fuck in the bathroom”).

Postdata. Si fuera posible, agregaría el desparpajadísimo Infame de Babasónicos por Pistero (“En el patíbulo bailador, / en el estilo zapateador, / mascando chicle con su pareja / actuando pose de retador”) y sobre todo por Sin mi diablo (“En la corte / con la reina y su consorte / regalando colonias en las Indias / festejaban / y en el pico de su pedo me invitaban / a azotar a unos esclavos”).

- ¿Cuál es la canción que más y mejor cantas en la ducha?
Suzanne de Leonard Cohen y su hermana menor: Hope de REM.

- ¿Cuál es la canción que interpretarías mejor en público dada la ocasión?
Dance me to the end of love de Leonard Cohen.

- ¿Cuántos mp3 tienes, con cuál empieza tu lista más larga y con cuál acaba?
En la oficina 2303; en casa quién sabe. Sólo tengo una lista: empieza con d.e.v.i.l. de 666 (están acomodadas por “artista”) y termina con Tears are in your eyes de Yo La Tengo.

- Rola con la que crees que más de una persona te recuerde.
Una persona, que yo sepa, me recuerda con Another night in de Tindersticks; otra, con At my most beautiful de REM (por lo del conteo de las pestañas); otra, We float de PJ Harvey; la última: Angelina/Zooma zooma con Louis Prima.

- ¿Cuál es la ultima canción que has escuchado hoy?
Yeah yeah yeahs: Maps

- Si pudieras elegir a un artista o grupo para interpretarte, dedicarte, bailarte, componerte o dedicarte una canción, ¿quién sería?
Me gustaría aparecer en una de las listas hiperpop de REM. Por ejemplo, name-checked en esta estrofa:

Mott the Hoople and the Game of Life. Yeah, yeah, yeah, yeah
Andy Kaufman in the wrestling match. Yeah, yeah, yeah, yeah
Monopoly, twenty one, checkers, and chess. Yeah, yeah, yeah, yeah
Mister Fred Blassie in a breakfast mess. Yeah, yeah, yeah, yeah
Let's play Twister, let's play Risk. Yeah, yeah, yeah, yeah
See you in heaven if you make the list. Yeah, yeah, yeah, yeah

- ¿Quiénes son las 10 voces femeninas que más admiras?
¿¡10!? Una y ya: Margo Timmins de los Cowboy Junkies; bueno: PJ Harvey, pero no la voz sino los güevos.

- ¿Quiénes son las 10 artistas masculinos que más respetas?
¿¡10?! y peor: ¡¿respetar?! Me gustaría sentarme a platicar con Leonard Cohen, invitarle un chupe a Aphex Twin y unas líneas de coca al buen Mylo. Que Gilles Peterson ponga los discos.

- ¿Cuáles son tus 10 grupos preferidos?
Tindersticks, Nick Cave & the Bad Seeds, the Velvet Underground, Nosoträsh (en Popemas), Neil Young & the Crazy Horse en la época del Weld, the Magnetic Fields, the Cinematic Orchestra, Morphine, Death in Vegas, David Holmes & the Free Association...

- ¿Cuáles son los 10 interpretes y/o grupos que más aberras escuchar?
1 al 10: Miguel Bosé.


Respuesta a los tesalonicenses

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I. Niñas feas
Al pobre Catulo le fue de la chingada. Se perdió por una tal Clodia, acaso la mujer del gobernador de la Galia Cisalpina; en sus poemas la llama Lesbia. Esta señora, bellísima, le hizo de todo: le decía que lo amaba más que al propio Júpiter, pero mentía (sed mulier cupido quod dicit amanti / in uento et rapida scribere oportet aqua: mas lo que dice la mujer escrito queda en el viento o en el agua rápida); juraba ser fiel, pero chaqueteaba tipos en callejuelas (nunc in quadriviis et angiportis / glubit magnanimi Remi nepotes); lo insultaba frente al marido (Lesbia mi praesente uiro mala plurima dicit). Al final (había nacido en el 87aC, en Verona), parece, lo envenenaron por su culpa. ¿A quién puede sorprender que él fuera el primero en escribir que amamos a una persona que nos es odiosa (odi et amo anota, cuitadísimo) y, más aún, en alcanzar la inaugural cima del subgénero poético de la mujer fea?

Salue, nec minimo puella naso

Nec bello pede nec nigris ocellis
Nec longis digitis nec ore sicco
Nec sane nimis elegante lingua,

Buenas, niña de nariz no mínima ni de bello pie ni de ojos negros ni de largos dedos ni de elegante lengua, ¿dicen en tu pueblo que eres bella, se atreven a compararte con mi Lesbia?: O saeclum insapiens et infacetum, ¡qué siglo tan estúpido y sin gracia! El hecho de que la fealdad de esa anónima puella estuviera escrita en la eternidad no impidió a escritores futuros ejercer con diversa mano el género. El feroz Marcial (40-104), por ejemplo, declaró sus principios en el epigrama C de su libelo:

Habere amicam nolo, Flacce, subtilem,

cuius acertos anuli mei cingant,
quae clune nudo radat et genu pungat,
cui serra lumbis, cuspis eminet culo.
Sed idem amicam nolo mille librarum.
Carnarius sum, pinguiarius non sum.

No me gustan las flacas, cuyos brazos sean del tamaño de mis anillos, cuyas rodillas lastimen; aunque tampoco es que me guste comprar por kilo. Soy carnívoro, mi buen Flaccus, no “grasívoro”. El autor del Ananga ranga (1172, maomeno) nunca leyó a Catulo o a Marcial, pero pudo escribir (sin misoginia, por cierto) este párrafo, que tomo de la ferviente traducción de sir Richard Burton publicada en 1885:

The woman who merits the contempt of men is ugly and garrulous; her hair is woolly, her forehead projecting, her eyes are small and blear, her nose is enormous, the lips lead-coloured, the mouth large, the cheeks wrinkled and she shows gaps in her teeth; her cheekbones shine purple, and she sports bristles on her chin; her head sits on a meagre neck, with very much developed tendons; her shoulders are contracted and her chest is narrow, with flabby pendulous breasts, and her belly is like an empty leather-bottle, with the navel standing out like a heap of stones; her flanks are shaped like arcades; the bones of her spinal column may be counted; there is no flesh upon her croup; her vulva is large and cold. Finally, such a woman has large knees and feet, big hands and emaciated legs. May God keep us from a woman of that description!

Pelambre lanuda, frente salida, nariz gigante, panza como jícara, vulva enorme y fría: Burton se revolcaba feliz de la vida en ese estilo ensañado. Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), que probablemente había aprendido el arte del soneto satírico en sus muchos viajes a Italia, precedió a Quevedo en tiempo y saña. Él abandonó las generalidades de la mujer fea (molt edad media) y volvió a la afrenta personal. Por ejemplo, en el soneto “A una vieja que se tiene por hermosa”:

Teneys, señora Aldonza, tres treynta años,

tres cabellos no mas, y un solo diente,
los pechos de zigarra propriamente,
en que ay telas de arañas y de araños.

¿Pechos de cigarra? Aclara el Diccionario de autoridades (1729): Insecto con alas, del tamaño de una langosta, poco más ò menos: la cabeza unida inmediatamente al cuerpo, porque no tiene cuello: los ojos mui grandes y resplandecientes... Y aunque, en realidad, noventa años (tres treynta) sí son un chingo, don Diego enfatiza:

En vuestras sayas, tocas, y otros paños

no ay tantas rugas como en vuestra frente;

y hasta oír a la Aldoncilla es un pena:

En cantar pareceys mosquito, o rana,

la zanca es de boñiga, o de finado,
la vista es de lechuza a la mañana.

Esa pierna (zanca) de estiércol o de muerto es una grosería sin gracia alguna, pero la vista de lechuza a la mañana tiene un retintín muy sonoro. Para colmo, señora Aldonza,

Oleys como a pescado remojado,

verso que en la traducción inglesa de Adrienne Laskier se convierte en un divertidísimo: You smell like pickled herring: oleys como un arenque en escabeche...

Las cosas, naturalmente, se refinan y complican con el paso de los siglos. El gran jefe Wilde, por ejemplo, es interminablemente más sutil y más sabio. Cuando le presentaron a una señora francesa famosa por su fealdad, ésta quiso ponerlo contra la pared: “Acéptelo, maestro Wilde, soy la mujer más fea de París”; y él, que era invencible, contestó con el elogio más cruel de la historia: “Señora mía, es usted la mujer más fea del mundo.” (En Duck soup [1933] hay un chiste paralelo, que juega con el equívoco de que to make love significa tanto “seducir” como “hacer el amor”. Pregunta indignada la feísima señora Teasdale: “Are you trying to make love to me, Mr Firefly?”: señor Firefly, ¿está tratando de seducirme?, y Firefly [Groucho Marx] contesta, todavía más indignado, “My dear Mrs Teasdale, I could never make love to you...” Jeje.) Luis Antonio de Villena, dandy como Wilde, propone en “Niñas feas” (1981) que los chavitos preciosos de sus fantasías y sus onanes se pasean con niñas “cien veces inferiores en belleza” porque

lo blanco brilla aún más junto a lo negro
(las pobrecitas os adoran –hermosos– por completo).

Qué poca madre. Sin embargo, la última vuelta de tuerca, la más oblicua y desarmante declaración de fealdad (que yo sepa) está en El hacha y la rosa (1993), de Luis Alberto de Cuenca. El endecasilábico poema se llama “El imbécil”:

Era una criatura detestable
en el plano moral, un ser abyecto,
una abominación lovecraftiana.
No era tampoco guapa, ni atractiva,
ni graciosa, ni joven, ni simpática.
Era un montón perverso de basura.
Pero fuiste tan imbécil que por ella
dejaste a la que amabas y vendiste
tu alma en los bazares de la noche.

II. Niñas fáciles
Todos los hombres, cuando menos una vez en la vida, han sentido que la mujer que aman les pone el cuerno; todos los hombres, cuando menos una vez en la vida, han pensado: Si yo fuera mujer, me cogería a todo el mundo. Esa explosiva combinación, probablemente, está detrás de otro subgénero o artificio de la poesía misógina, el de la mujer puta. Para Catulo (ya regresa) Aufilena es peor que una puta avara, pues

bonae semper laudantur amicae;
accipiunt pretium, quae facere instituunt

las putas cabales, recibido el varo, ejercen –a diferencia de Aufilena, que simplemente se lleva todo sin preguntar o dar prenda. La sátira VI del cabrón de Juvenal también es un catálogo de quejas, y para Marcial casi todas las mujeres son putísimas:

Quaero diu totam, Safroni Rufe, per urbem
si qua puella neget: nulla puella negat,

he buscado, mi buen Rufus, por toda la ciudad: ninguna vieja sabe decir que no. ¿Quiere esto decir que no hay una mujer casta en toda Roma? No, pero

non dat, non tamen illa negat:

ésas ni cogen ni se atreven a negarse. El Pseudo-remedia amoris, un poema muy culero del siglo XIII (anónimo, lamentablemente), recomienda, de plano, evitarlas a todas: a la gorda (pinguis), a la flaca (macra), a la alta (longa), a la pequeña (brevis), a la blanca (candida), a la negra (nigra), a la rubicunda (rubra) no sólo porque se vuelve necio el que las ama,

efficitur fatuus, qui sic amat, ut modus absit,

sino porque

sepe novum veteri mulier preponit amico

preferirán sobre el viejo al nuevo amigo: la inconstancia es su divisa. Frailty, thy name is woman, grita el hiperracional Hamlet: el Renacimiento la agarró feamente contra ellas, como queja o como urgencia: ya, a estas alturas, empezamos a atisbar que siempre habíamos querido coger con putas. Un libro sensacional, El sueño erótico en la poesía española del siglo de oro, dice: “[Quevedo] quiere hechos, satisfacción física, no ese gusto mental que es el continuo pensar en una fulana”, y pone de ejemplo este soneto encantador:

Quiero gozar, Gutiérrez, que no quiero
tener gusto mental tarde y mañana;
primor quiero atisbar tarde y mañana,
y asistir al placer y no al cochero;

hacérselo es mejor que no terrero;
más me agrada de balde que galana;
por una sierpe dejaré a Dïana,
si el dármelo es a gotas, sin dinero.

No pido calidades ni linajes,
que no es mi pija libro de becerro,
ni muda el coño, por el don, visajes.

Puta sin “daca” es gusto sin cencerro,
que al no pagar los necios, los salvajes,
siendo paloma, le llaman perro.

Si las damas de la corte, dice Alatorre, son galanas y linajudas (los libros de becerro eran colecciones de papeles viejos, certificados de nobleza), eso no viene al caso: un coño es un coño. Andar cortejando a esas señoras es un engorro: hay que esperar en el terrero a que se asomen a la ventana, hay que acompañarlas en el coche para que puedan decir que lo traen a uno de su pendejito: lo único que cuenta es el burdel, “siempre y cuando no se les ocurra a las putas pedir dinero”. Pero ese cinismo no es cosa de todos los días. Curiosamente, el más cacofónico y chingón de los sonetos antiputas (o proputas, quién sabe) no se escribió en España:

Aunque eres, Teresilla, tan muchacha,
le das quehacer al pobre de Camacho,
porque dará tu disimulo un chacho
a aquel que se pintare más sin tacha.

De los empleos que tu amor despacha
anda el triste cargado como un macho,
y tiene tan crecido ya el penacho
que ya no puede entrar si no se agacha.

Estás a hacerle burlas ya tan ducha,
y a salir de ellas bien estás tan hecha,
que de lo que tu vientre desembucha

sabes darle a entender, cuando sospecha,
que has hecho, por hacer su hacienda mucha,
de ajena siembra, suya la cosecha,

sino en México, y no fue el gran Quevedo (aunque ese “lo que tu vientre desembucha”, o sea: hijos al por mayor, es quevedianísimo), sino ¡sor Juana!, la inauguradora de la liberación femenina en su increíble epístola al padre Núñez, donde se declara incapaz de hacer otra cosa que no sea escribir poesía, cosa tan mundana, y recibir varo por ello, peor, y ni modo, padrecito, aunque termine por no gustarle a usted, que es tan sabio y santo: “Dios me inclinó a eso, y no me pareció que era contra su ley, ni contra la obligación de mi estado. Yo tengo este genio. Nací con él y con él he de morir.”

¿Cuándo comprendimos que la puta era entrañable, más cercana a nuestro corazón que tantas y tantas mujeres castas; cuándo que ser puta es un símbolo de algo, de una subversión muy pero muy densa? Tal vez desde el principio, tal vez con el nacimiento del amor en el sentido occidental del término (le mythe de Rougemont),

amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;

dice Paz, siguiendo a Rimbaud, Baudelaire y el resto de aquellos espesos que nos lo habían hecho notar tan claramente. Adrián Román, un poeta chilango del que ignoro casi todo, encuentra, por ejemplo, que la puta es también aquella vieja que nos ha abandonado:

Si tuviera dinero le pagaría a una puta
–es un consuelo tan socorrido–
para que viera cómo me masturbo.
Mientras, tu nombre escaparía
como una urraca de mis manos.

Otro de los tataranietos de Baudelaire, Karmelo Iribarren, ya se lanza sin más a la apología. El poema se llama, simplemente, “La vieja”, está en La condición urbana, del 95, y arranca así:

Por cinco libras
y un paquete de rubio
podías tirártela
en un viejo 1500.

Era una profesional en toda regla, La Dolores, y una vez, sola y borracha, al fondo de la barra me contó su azarosa vida. Aunque en alguna ocasión posterior estuve tentado a irme con ella al coche, nunca lo hice: quién sabe por qué. Después dejé de verla para siempre. Y hoy, abriendo el periódico al azar,

me he dado con su esquela.
Ha muerto, al fin, en un asilo,
y olvidada de todos.
“Como una perra enferma de arrabal
moriré cualquier noche
en una esquina” solía cantar
cuando estaba muy puesta.
Y tenía razón.

III. Hombres necios
Muchísimo tiempo se han detenido los hombres a ponderar las virtudes de las mujeres. Frentes blancas como el mármol o como sí mismas; ojos verdes, azules, cafés o negros; senos como dos templos paralelos o un par de pomelos recién nacidos en el jardín del sol; piernas que son columnas que sostienen un altar donde oramos; pies pequeños como una frase interminable hecha de sólo dos palabras. La explosión misógina, la de las feas y las putas, alcanza apenas a ser un barrito, una espinilla en el claro rostro de la historia de la literatura. Ignoro a qué se la debemos: tal vez a la soledad, a la venganza, al ardor último e inútil. Tal vez la respuesta, que “tolera el orgullo a duras penas”, esté en el final de un poema de 1990 de Vicente Gallego:

De las muchas heridas
que el amor nos inflige a través de los años,
hay una que nos duele de una forma distinta
porque llega a pesar de las promesas,
del tiempo y de sus nudos, y es la última,
y resume a las otras, y lo desmiente todo.
La tolera el orgullo a duras penas,
y esa herida consiste en aceptar
lo que me ha confirmado ese nombre que callo:
la maldita certeza de que a ellas,
cuando las cosas fallan, les resulta posible,
y tan odiosamente fácil vivir sin nosotros.


Propina: jochos

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Este post ya se movió, a sugerencia de más de uno. Se fue a la parte III de la lista.

Adiós.


Manifiesto y canto de la infancia

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Nuestra vida transcurre como a través de un filtro de cochambre, vivimos de hábitos, de opiniones, de convenciones, de modales, de repeticiones y futilidades. Un día ineluctable comprendemos que hemos perdido al niño. Otro día, es la verdad también, ocurre una revelación: una enfermedad incurable y final, o la esperanza y el cumplimiento de un beso; entonces la vida vida, el niño, aterrado o feliz, vuelven sobre nosotros como una avalancha. Este poema de Peter Handke, Lied vom Kindsein, está extraído de su guión para Las alas del deseo (Der Himmel über Berlin), la última gran película de Wim Wenders, donde Bruno Ganz lo recita (y casi canta) intermitentemente. La traducción no quiere ser literal –no podría serlo– sino meramente cariñosa; tampoco (mucho menos) es definitiva: puedes modificarla a tu gusto. La versión original está acá.

Canto de la infancia

Cuando el niño era niño
caminaba con los brazos colgando,
el manantial quería ser un río,
el río ser torrente
y este charquito: el mar.

Cuando el niño era niño
él no sabía que era niño,
parecía que todo tenía alma
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño
no tenía opinión de nada,
no tenía hábito alguno,
le gustaba sentarse en flor de loto,
se echaba a correr de repente,
tenía un remolino en el pelo
y no hacía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
aquél era el tiempo de estas preguntas:
¿Por qué soy yo yo y no tú?
¿Por qué estoy aquí y no estoy allá?
¿Cuándo comenzó el tiempo, dónde acaba el espacio?
¿Es un sueño esta vida bajo el sol,
lo que veo y lo que oigo y lo que huelo
son el brillo de un mundo antes del mundo?
¿De veras existe el mal y la gente
que es mala?
¿Cómo puede ser que yo que soy yo
antes de ser no era
y que, alguna vez, yo que soy yo
no seré más lo que yo soy?

Cuando el niño era niño
se atragantaba con las espinacas,
con los chícharos y el arroz con leche
y la col al vapor:
hoy come todo eso, y no sólo por necesidad.

Cuando el niño era niño
se despertó una vez en una cama extraña
y ahora eso le pasa todo el tiempo,
mucha gente le parecía hermosa
y ahora eso casi nunca le pasa,
podía imaginarse muy claro el Paraíso
y ahora puede intuirlo apenas,
no podía pensar en la Nada
y ahora la Nada le enchina la piel.

Cuando el niño era niño
jugaba con mucho entusiasmo
y ahora siente ese mismo entusiasmo
por cosas del trabajo.

Cuando el niño era niño
manzanas y pan eran suficiente,
y lo son todavía.

Cuando el niño era niño
las uvas le caían en las manos
como sólo las uvas caen,
y así es todavía,
las nueces frescas le escaldaban la lengua,
y así es todavía,
sentía en cada montaña
nostalgia de una más alta montaña
y en cada ciudad
nostalgia de una más grande ciudad,
y así es todavía,
eufórico, se estiraba por las cerezas
más altas de los árboles,
y así es todavía,
se avergonzaba ante los extranjeros,
y se avergüenza todavía,
esperaba la primera nevada,
e igual la espera todavía.

Cuando el niño era niño
arrojó una vara como lanza contra un árbol,
y ahí tiembla la lanza todavía.


Pilón: La lista antrobiótica

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Cuando primero apareció, la lista antrobiótica (52 cosas que comer, beber o amar) no gustó a todo mundo, pero hacerla fue entretenidísimo y cansado hasta ladrar “¡basta!” Al final, se sentía en el cerebro y en la mano una distensión digna de esos orgasmos en que intervienen varios cuerpos. Algunos (bueno: mi mamá, básicamente) han pedido su reaparición. Si te dan ganas de leerla, comentarla, modificarla o de plano borrarla, la encontrarás –arrepentida y corregida– en estas direcciones, además de que permanecerá como un grupo de links en la barra a la derecha de la pantalla. Van:

La lista: parte I

La lista: parte II

La lista: parte III

La lista: parte IV

La lista: parte V

La lista: parte última

Y a ver qué tal.


Vida de aeropuerto

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I
CDG, VIE, BCN, DUB, NYC: como buena parte de mi generación, yo también soñé con una vida de aeropuerto. Quería que fueran verdad aquellas palabras de Robert DeNiro en Heat (Mann, 1995): You want to be making moves on the street, have no attachments, allow nothing to be in your life that you cannot walk out on in thirty seconds flat if you spot the heat around the corner. Nada que te detenga: ni parejas (¿quién quiere una pareja en la ciudad de México, hundida como está en el prejuicio y la ojetez?) ni familia ni amigos (¿para qué?: los padres van a olvidar o a morir, los hermanos te darán la espalda, los amigos terminan cuando termina el intercambio de favores): nada. Quería ser James Spader en Sex, lies & videotape (Soderbergh, 1989) o Terence Stamp en Teorema (Pasolini, 1968): un desconocido en cualquier parte, un visitante, aquel que donde llega rompe algo, su sola pertenencia un morral de ropa (de algo sirvió que en las casas de los setenta cantara Emmanuel, nuestro más heroico has-been,

aquí en esta bolsa me cabe la vida
con ella a la espalda soy libre otra veeez…),

o mejor : ser aquel que se mueve para dejar intactas las cosas:

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole
,

escribió
Mark Strand. Quería viajar ligero de recuerdos y de libros, y que el español fuera rien d’autre que un grifo por donde se abra el paso a otras lenguas: andare siempre via; ir embora todo el tiempo… Don’t wanna own a key, canta New Order en los audífonos, don’t wanna wash my car. Yo también quise esa suma de lugares comunes.

II
En el malecón de Campeche, a unos pasos de la puerta de mar, alguien lanza a un tipo desde una camioneta; el tipo se levanta, ensangrentado, y dice: ¿Qué me ves, pendejo? ¿Qué me ves?, y hay tiempo apenas para quitarse las gafas y recibir una breve madriza. En una calleja de Viena ser escarbado por dos mujeres entre besos, fajes y palabras en un alemán veteado de polaco: buscan una cartera que no encontrarán; en Cabo visitar una tienda donde venden todo: armas, alcohol adulterado o del otro, mujeres, llévate a la güerita, habla inglés, todas las drogas posibles (¿compré algo, con la mano temblorosa?, ya no me acuerdo); en París separarse: pelear en Saint-Michel esquina el río, hablar quedo en L'Eglise, gritar en el pub: no me llames, ¡no te preocupes!; en San Sebastián ver a un perro que ladra y quiere atreverse contra las olas mientras los amos gritan apanicados ante el mar que se ha vuelto loco con violencia gris, escandalosa, con violencia que se alza y les da forma a las rocas; en las mil millas de Baja California, metido a fuerzas en un auto hecho a mano que salta y gira a 200 km/h, la noche ha caído totalmente aunque son las cuatro de la tarde, y el estómago se reduce a un líquido aterrado; en las cercanías de Frankfurt perseguir el frío y la nieve monte arriba, los árboles como esculturas de fantasmas entre los muros de niebla; sentir el viento delicioso sobre una playa de Mallorca desierta al fin de turistas alemanes e ingleses (es otoño ya, gracias a dios), sobre la arena el pelo en movimiento de dos sombras paralelas; en la noche de Oaxaca compartir una tlayuda con una perrita bóxer callejera, y compartir el pan con los semejantes (y otra perra hermosísima, Réglisse, a la que un azotador le destruyó la lengua) en el mediodía de Narbonne, en el Languedoc, allá está el Mediterráneo: míralo, sobre la mesa del jardín perfecto: jamón, quesos, moscas y vino rosado, el sol se mueve lentamente, a sesenta minutos por hora, mientras en algún lado el Sena, el Danubio, el Moldavia, el Rin son lugares comunes (también ellos) que siguen pasando siempre…

III
Sin nostalgia falsa: a mí también me gustó la vida de aeropuerto porque me supuse feliz. Pero la felicidad es una ceguera momentánea, una suspensión voluntaria de la incredulidad, pues la locación es aleatoria, igual que la dicha o la desgracia: no hay mañanas hermosas ni mares furiosos:

mas eu fico triste como um pôr de sol
para a nossa imaginação
:

la imaginación le pone la tristeza al atardecer sin modificadores: nada más. Y francamente no importa. De la siguiente idea y último lugar común de este post hay muchas versiones. Una, por ejemplo, es fonqui; está en el Come get it, I got it de David Holmes, y dice, sabrosísimamente: You can get foxes out of the country, yeah babe!, but you can’t get the country out of foxes! Otra es de
Kavafis, y la tradujo así José María Álvarez:

No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma…
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.


El desempance


Que ni qué: el post anterior estuvo pesadito, largo como la chingada e igual como la chingada azotado. Ai van, entonces, unas whopper junior para el desempance.

I
Del blog de Yitzhak Benshushan, un “judío sexagenario, gordo y feo, miope por vocación e hipertenso por adicción”, “absolutamente impresentable en fotografía”; más “solitario que llanero, más pequeño que burgués y más estepario que lobo”, que ha seguido desde la infancia “una trayectoria irrefrenablemente descendente”; sin duda uno de los más gratos hallazgos blogueros posibles, cruel y afilado como Cioran empuñando una guadaña, pero también divertido y absurdo como un aforismo de Groucho Marx, extraigo algunas piezas de extraña sabiduría:

- ¡Dejad de crecer y multiplicaros! dijo Jehová 6000 años después.
- Los antisemitas posmodernos no desean aniquilar al pueblo judío, sólo quieren deconstruirlo.
- La reencarnación siempre nos dará una nueva oportunidad… de empeorar.
- La mejor manera de arruinar el domingo es pensar en lo que haremos mañana lunes.
- Los lunes son los martes 13 de la semana.
- El chiste antisemita más corto del mundo:
Primera voz: ¡Hoy en la noche mataremos judíos y peluqueros!
Segunda voz: ¿Por qué peluqueros?

También, de sus muchos haikús (ya se sabe: tres versos, 5,7 y 5 sílabas) de índole urbana, éste, delicadísimo:

Charco de lluvia.
El perrito sediento
su imagen bebe.

II
Chabeloesdios introdujo en uno de sus comentarios al post anterior esta estrofita pasadadelanza del gran Philip Larkin:

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had,
and add some extra, just for you.

En esos mismos comentarios Tiina Karjalainen posteó su cagada traducción, que viene rimada (ABAB, como el original) aunque medida diferente (dos endecasílabos agudos, dos alejandrinos, intercalados). Va:

Te pasan a chingar –mamá y papá.
Tal vez no es que ellos quieran, pero de que te chingan,
te chingan. Sus viejas lacras te dan
y otras más de su cosecha, nomás pa que no digas.

III. Con addenda
Estados Unidos Mexicanos, a 3 de octubre de 2005. Decreto para abolir locuciones del español chilango, y a sus enunciantes, expediente 0123/2005/OIC/Capufe/TARQ/0035, en que se comunica que quedarán prohibidas las siguientes frases, palabras y locuciones, so pena de anulación, abolición y desaparición del enunciante ipso facto, in situ, ab intestato, ex jure, ex lege, ex more y decididamente ex libris:

- El mundo es un pañuelo
- O sea, jeloooou
- Cada cabeza es un mundo
- Tú no te dejes de preocupar
- Ojito Remi
- Aaaay, mi viiidaaa
- Así pasa cuando sucede


agregados del 4 de octubre, 12:20 horas:
- Me lo cortaron por exceso de pago
- Calladita me veo más bonita
- Un vaso con agua
- Provechito
- No tengo saldo
- Ni cómo ayudarte
- Pliiissss
- ¿Qué pachó?
- Te lo juro por dios
- Nada que ver
- Ma-ra-vi-llo-so
- Lo que pasa es que
- TQM

agregados del 5 de octubre, 12:10 horas:
- Por algo tenía que pasar
- Está del nabo
- ¿Qué pez, mi Acuamán?
- Lo que sea de cada quien
- Al final del día
- Te pasas de veras
- Tengo un procesador LENTIUM
- Becho y abacho,

agregados del 6 de octubre, 12:24 horas:
- Me entiendes, ¿verdad?
- Sí me sigues, ¿no?
- Yo no te como frijoles (¡ese 'te'!)
- Es como todo
- ¡Estupendo!,

agregados del 7 de octubre, 16:54 horas:
- ¿Qué transita por tus venaaasss?
- Saludines
- ¿Qué hongo, champiñón?,

más aquellas palabras, frases o locuciones que los lectores del supradicho decreto deseen agregar en los sotomentados comments.


  • EL PROFILE (COMPLETO)
    BREVE MANIFIESTO ANTROBIÓTICO

    THE SPECTATOR

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    DANZA CON LOBOS

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    ERECCIONES Y HUMEDADES LAS QUEJAS DEL JOVEN WERTHER PURA POESÍA TRADUCIR/SER OTRO DRUNK, THAT'S ALL GLOTONERÍAS ANYBODY FANCY A LINE? LA LISTA ANTROBIÓTICA

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