vbi svnt

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1.
¿y niche? ¿y eva? ¿y pollo? ¿y chío? ¿y el tipo que nos quería meter un paraguas por el culo? ¿y tamara? ¿y mauricito, hasta la madre, tirado en el suelo incomprensible? ¿y juanga? ¿y los dílers de regina? ¿y raco? ¿y el caballo, y el dador de tesoros, y el salón, y la cerveza, y las viejas y las nieves de antaño?

2.
yþde swa þisne eardgeard ælda scyppend oþþæt burgwara breahtma lease eald enta geweorc idlu stodon.
se þonne þisne wealsteal wise geþohte ond þis deorce lif deope geondþenceð frod in ferðe
feor oft gemon wælsleahta worn ond þas word acwið:
hwær cwom mearg? hwær cwom mago? hwær cwom maþþumgyfa? hwær cwom symbla gesetu?
hwær sindon seledreamas? eala beorht bune! eala byrnwiga! eala þeodnes þrym!

3.
où est la très sage helloïs,
pour qui fut chastré, puis moyne
pierre espaillart a saint denis?
pour son amour ot cest essoyne.
semblablement ou est la royne
qui commanda que buridan
fust gecte en ung sac en saine?
mais ou sont les neiges d’antan?

4.
¿qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d’amadores?
¿qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?


drunk, that’s all

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ésta es mi abuela, carmen, en su casa de satélite en 1976. los primos la veíamos, entre aterrados y fascinados, cada fin de semana, beber hasta la exasperación y la inconciencia. olía bien rico.



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laverne ray: drunk, that’s all
the handsome family: so much wine


el sermón de los lunes

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¿dije algo malo?

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Uno. A un bróder, el buen P., cuando no pasaba de los seis años, un primo mucho mayor se lo sentaba en las piernas. Poco a poco, lo subía hasta tenerlo sobre el pito, por encima del pantalón. Le metía la lengua a la boca. Un día, pero el recuerdo es muy borroso, cuando el primo fue ganando imprudencia, lo hizo masturbarlo o algo parecido. Otros primos veían lo que podían, con el solo testimonio de la televisión encendida. J. es, en parte, argentino. En un viaje (tenía diez años no sé si bien puestos) a un pueblito casi pastoral de por allá, él y sus primos, mayores también, estuvieron simplemente acariciándose. Todos lo hacemos. Al rato, los primos lo amarraron a una estacota, hicieron lo que quisieron y lo dejaron ahí. Ya se me borró (me lo contó en una peda) la historia de cómo le hizo para regresar a su casa. Un güey, cuyo nombre no diré pero que hoy es de un alucinante fanatismo, me pidió hace siglos (yo me quedaba a dormir con su hermano) que me bajara el cierre del mameluco. Después, que le acariciara la verga. La verdad es que poco recuerdo de lo que siguió, tal vez algún ruido, la llamada a mi casa y el regreso, semidormido, a la colonia Roma en medio de la noche.

Dos. Estas anécdotas tal vez repulsivas en muy poco se parecen a l’amour nommé socratique. En su enciclopedia el querido Voltaire, acaso sin comprender la diferencia, se pregunta cómo es posible que ese “vicio destructor del género humano” pudiera hacerse tan general, mas lo traiciona la encantadora cita de unos versos de Ovidio: Citraque juventam / aetatis breve ver et primos carpere flores: recoger las flores primeras, que anuncian la juventud... Pero no. Esto no es la irrupción horrible de un adulto en el sexo infantil. El poeta Luis Antonio de Villena establece claras las distancias: éste es un amor dulce, sapiente; el amor del adulto que ama a un joven, a un muchacho. (La edad, obviamente, importa. Hay un epigrama de Meleagro, traducido por L.A. de V., que comienza así: “Durante un sueño nocturno, Eros llevó bajo mi colcha / a un muchacho de dieciocho años, vestido de clámide. / Mas yo, juntando mi pecho a su delicada piel, alcancé sólo vacías esperanzas.” Villena habla incluso de los 14 años...) Este adulto busca ver y darle forma a un símbolo, que no es lo mismo que a un emblema (porque éste es inmóvil y no tiene voz ni voto): busca un ser con razón y criterio propio: una relación así es libre, consentida, clara. “Es más –dice Villena–, la claridad, la luz, la iluminada franqueza social, sería un factor de mayor cuidado y protección al más joven. Si hay una relación erótica y humana que no lleve en sí el germen de la sordidez es ésta, pues se cimienta en la camaradería y en la enseñanza”: Catulo juega con el jovencísimo Licinio a hacer endecasílabos en su tablillas (poema L) y le suplica que no se ponga raro cuando reciba sus versos. Este adulto busca, también, al muchacho que puede inmovilizarlo en la juventud perdida: en los poemas de Umar Kayyam y Chiasoddin Muhammad, llamado Hafiz de Chiraz, esa inmovilidad –antes de que se acabe esta puta vida– está en el saki, el chavito que los embriagaba mientras propalaba su hermosura. La juventud está fija ahí, e igual la dicha: el Buonarroti, en un soneto, escribió de uno de estos muchachos: poi che negli occhi hai tutto ’l paradiso, porque en los ojos llevas entero el paraíso; y el joven comprende y se enorgullece de ser el portador de todo eso: Tu stai sul prato come un dio in esiglio / sta sulla terra, dice Umberto Saba: estás sobre el prado como un dios en exilio estaría sobre la tierra. El joven será, también, sexo cómplice, “sin barroquismos ni lacerías indostánicos”. En su poema Two Loves lord Alfred Douglas (después destinatario de la carta más cabrona de la historia: De profundis de Wilde), escribió un verso: I am the Love that dare not speak its name: soy el amor que no se atreve a decir su nombre. Wilde guardó un silencio valiente o resignado durante prácticamente todo el proceso (por “gross indecency”) que iba a terminar con él en el tambo de Reading. Pero cuando le preguntaron cuál era el amor que no se atreve a decir su nombre, respondió, entre otras cosas: “Ese amor, en este siglo, es un afecto hondo y espiritual tan puro como perfecto. Inspira y colma grandes obras de arte, como son las de Miguel Ángel y Shakespug. No hay nada en la Naturaleza en contra de ello. Y no se le comprende en este siglo, y por eso lo llaman el amor que no se atreve a decir su nombre, y por eso estoy donde estoy en este momento. Es intelectual y existe repetidamente entre los hombres maduros y los jóvenes cuando el hombre tiene inteligencia y el joven tiene toda la alegría, la esperanza y el encanto de la vida por delante.”

Tres. ¿Y entonces qué? No mucho. Inútil sugerir que esas dos formas lleven nombres distintos (pa como vamos, “pederastia” va a ser la palabra del lustro). Se puede tal vez, en palabras que no sé si le robé a Villena, desear un pequeño paraíso para esos cazadores del fugitivo instante y para los Licinios y los sakis y los dioses exiliados: un agosto nuevo y soleadas estaciones en la playa; agua fresca y (pero es pedir demasiado) un orbe en donde se pueda vivir.

[el título de esta columna era
la flor de los muchachos]


el cuñado


cuando recorre la colonia obrera, entre el eje 3 y el eje 1, isabel la católica es bellísima. va andando de sur a norte los sábados en la tarde: a su paso la gente saca sillas y las pone sobre la banqueta, no deja que la noche los agarre detrás de las cortinas: las bicicletas, los balones, las chelas, todo está afuera; los perros andan como si nada, o no andan: se tiran nomás ahí, inmóviles como cosas, naturalezas muertas. (a la vuelta acaso inicia una madriza o un asalto pero a mí, la verdad, me vale madres.) la noche va echándose sobre la obrera como esos perros o la abraza de los hombros o entra en ella con la lentitud de un saurio e isabel se despoja de la ropa o se pone la joyería –¿a estas alturas a quién le importan las metáforas?–: el salón obrera muy al principio, y sus molcajetes asesinos de tan calientes, y los tragos larguísimos; o más adelante, en la esquina con m.j. othón la doble dicha del salón veracruz, de mosaicos color azul baño o cielo, su rocola parsimoniosa y sus cocteles de mariscos para el paladar avispado, y la mandunca, antiguo tabernáculo donde se guardaba el santísimo sacramento de pedro infante: larga barra, botana sobrevivible, cantineros que no están inventando un oficio sino repitiéndolo indiferente y precisamente, una banda allá en el fondo. y el goce sencillo del cuñado.

está en donde isabel se encuentra con juan a. mateos y no es casi nada: un puesto de un metro y un poco más de alto, con llantas, que el cuñado encadena a un poste; junto a él hay un tanque de gas; debajo de él, varias hornillas; la mitad de su superficie es una plancha toda negra; la otra, un área en que se colocan una charola de plástico con tiras de cebolla y cilantro picado; otra con pápalo; otra con jitomates y aguacates enteros; otra con bisteces crudos; una más con machitos: trozos de tripa de carnero embutidos de despojos misceláneos picados más o menos groseramente, mal amarrados: precarias salchichas manuales. he aquí la zona más ardua de la descripción del cuñado (así le dicen al taquero, así se ha extendido al “puesto”): el taco. es una tortilla grande, del tamaño de un plato de plástico, doble, que se moja en grasa de cerdo color rojo, tal vez la grosura de una longaniza o un chorizo; el cuñado sazona el bistec con polvos (sal, pimienta, algo más acaso) y con jugo de limón; éste se evapora al instante y el aire se llena de un humo denso, blanco, que huele a tizne pero a otras cosas también, se pega a la ropa; la carne se quema por partes; picada y erigida sobre la tortilla (el verbo no es excesivo: a cada taco le tocan como tres bisteces), se cubre de vegetales; se moja desproporcionadamente con la salsa de un guiso de ternera (¿ahí radica su ápice? tal vez); se resiste levemente a la mordida, cruje: hace cruj pero el ruido sólo es perceptible para el oído del que la come; la salsa es de habanero, color marrón amarillento, pica la nariz, da filo a los costados de la lengua, es levemente ácida. carajo: he tratado de ser objetivísimo, y ya no puedo decir nada más: no hay, sencillamente, otros tacos así en esta pinche ciudad. si dios decide hundirla en el apestoso fango de tenochtitlan; si la rompe y la arrodilla en el polvo con un terremoto; si se alzan las aguas negras y la cubren y la despueblan, yo creo que voy a pensar en el cuñado.


no direction home


anoche soñé que bob dylan era amigo mío de toda la vida. estábamos en londres en 1966, al final de una gira europea devastadora, en que el pobre güey había tenido que contestar las preguntas más estúpidas imaginables y lo había hecho con mediana entereza, entre exasperado y sorprendido; también debía soportar todos los días el abucheo del público: la segunda mitad de su set, donde arrumbaba la guitarra de palo y salía con una lira de verdad y una banda ponedorsísima, eléctrica y explosiva, no le gustaba a ese público folk totalmente conformista y plano. le gritaban de todo. la noche del sueño era la del archifamoso "royal albert hall concert". antes de regresar del intermedio, flaco y cansadísimo, me decía, medio en broma y medio en serio: and now, back from the grave, mr bob dylan. y yo me quedaba en el pasillo y lo veía irse hacia el escenario, y oía los insultos: judas! judas! y oía también que dylan se volteaba y le gritaba a robbie robertson: play it fuckin loud! y arrancaban una versión heroica de like a rolling stone. después regresaba, finalmente roto por las mentadas, se recargaba en mí y lloraba como un bebé, babeándome el hombro, y me decía por qué vienen a verme si me odian tanto y yo le daba besos en la cabeza, le llevaba como 10 años, y afuera esperaban reporteros de chilango [me fijé: estaban tamara, alejandro y aníbal] y dylan: no dejes que me vean, vámonos a emborrachar, putamadre... entonces me desperté: pasaron dos o tres segundos de una felicidad genuina, sin fisuras, como cuando sueñas que tu perro no está muerto. luego la mañana fue cargándose de tediosa o hiriente realidad. como cuando te das cuenta de que sí: tu perro sigue muerto igual que ayer.

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dylan, 1966: like a rolling stone


palabras de oro

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yo, en cambio, estoy leyendo esta obra maestra:


me emocioné desde la página 1: “sin duda alguna –dice el prólogo– querido(a) lector(a) tú eres una de esas personas que han decidido ser feliz en este mundo.” ¿cómo negarle a griselda aguilar que en efecto soy de esas personas? y cuánta razón tiene en el párrafo 3: “es triste ver y darse cuenta que con el paso del tiempo los humanos le dan menos importancia a la naturaleza; ejemplo de ello es la indiferencia que muestra ante un atardecer, un jardín lleno de flores, un bosque etc.” pinches humanos... todo el libro está lleno de joyas [palabras de oro, pues], como esta de anónimo pero sabio poeta:

si tienes una madre todavía
da gracias al señor que te ama tanto,
que no todo mortal contar podría
dicha tan grande ni placer tan santo.
si tienes una madre... sé tan bueno
que ha de cuidar tu amor su paz sabrosa,
pues la que un día te llevó en su seno
siguió sufriendo y se creyó dichosa.
nadie había adjetivado mejor: paz sabrosa... o esta otra, titulada mujercita, también de un vate anónimo:

sé amable... pero no fácil;
ríe... pero no a carcajadas;
sé digna... pero no orgullosa;
mira... pero con recato;
sé tierna... pero no flexible;
platica... pero con mesura;
sé alegre... pero no frívola;
ama... pero con cautela;
sé dulce... pero no empalagues;
escucha... pero no siempre creas;
sé mujer... pero no muñeca.
“mira... pero con recato”: a más de una amiga le vendría bien ese consejo sin tacha. una más, que no transcribiré completa; se llama ¿qué pasa, mami, por qué lloras? [título genial], y está escrita desde el vientre. el principio es intensísimo:

hola, mami, ¿cómo estás? yo muy bien, gracias a dios hace apenas unos días me concebiste en tu pancita.
avanza luego por las semanas [“¡todo parece indicar que voy a ser el bebé más feliz del mundo!” dice el protagonista con desarmante dicción institucional] que se cubren poco a poco de pesadumbre [“mamita, dime, ¿por qué lloras todas las noches?”; y también: “¿por qué papi y tú cuando se ven se gritan tanto?”, que deja entrever con ese cuando se ven el pecado cometido] hasta un crescendo de elevados quilates dramáticos:

mami, ya es de día, ¿a dónde vamos? ¿por qué te acuestas si apenas son las dos de la tarde? es muy temprano para dormirnos y yo quiero seguir jugando con mis manitas. ¿qué hace ese tubo en mi casita? ¿es un juguete nuevo? ¡oigan!, ¿por qué succionan mi casita? mami, ¡ésa es mi manita! ¿por qué me la arrancan? mamá, defiéndeme, ¿por qué me arrancan mi piernita? mami, mami, ayúdame, ya no puedo... más... mami... mami...
tssss. el último párrafo tiene una belleza resignada, una hermosa resignación:

mami, han pasado ya 17 años y desde aquí observo cómo te duele aquella decisión. por favor ya no llores, acuérdate de que te quiero aunque me haya dolido que no me dejaras vivir. aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos. te quiere mucho,
y, claro, la contundencia de la rúbrica final:

tu bebé.
palabras de oro, alimento del alma trae también carta de un niño que nunca nació, el mejor regalo, oración de los papás y otra pieza magistral: cómo echar a perder a un hijo. leed, pues... pero con recato.


  • EL PROFILE (COMPLETO)
    BREVE MANIFIESTO ANTROBIÓTICO

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    DANZA CON LOBOS

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    ERECCIONES Y HUMEDADES LAS QUEJAS DEL JOVEN WERTHER PURA POESÍA TRADUCIR/SER OTRO DRUNK, THAT'S ALL GLOTONERÍAS ANYBODY FANCY A LINE? LA LISTA ANTROBIÓTICA

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