el vips

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Dos finales posibles para un soneto isabelino, que el poeta deberá usar calculando su efecto y según el talante del momento:

ayer te vi en el Vips de la Narvarte:
la neta le saqué hasta a saludarte


y

ayer te vi en el Vips con tu gendarme:
te vi y no fuiste quién pa saludarme.


Previsiblemente, no te vi ayer en el Vips de la Narvarte pero después de lo del messenger, después de los planes venidos a menos [a nada, mejor dicho], después de que volviste un crimen abrazarte la cintura o pasar mi dedo por tu tanga asomada al pantalón, encontrar una rima para este endecasílabo esdrújulo:

ayer te vi en el Sanborns de la Nápoles,

es un trabajo que me da demasiada güeva hacer por ti.


un día d’éstos

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1. escribir un poema pétreo. primero me rondaba un texto sobre piedras en poesía [a beatriz le sigo debiendo uno de espejos, carajo, seguro que piensa que ya se me olvidó], un censo mineral a través de algunos siglos –dato inútil: en piedra de sol hay 7 piedras, 4 rocas, 1 tezontle y un poco de polvo–, pero luego fue borrándolo un soneto sobre piedras, uno que arranque en el mero principio de los hombres kubrickianos, algo tipo

la piedra inaugural, el monolito, el hombre,

que avance por dólmenes, menhires, piedras talladas con una V púbica, piedras torneadas para degollar animales, piedras del escarnio, y que termine con la lápida,

la piedra vertical tallada con mi nombre;

lo más simpático o lo peor sería su esquema de rimas: los primeros siete versos parecerían “blancos”: ABCDEFG, pero los siguientes siete los contradirían: GFEDCBA; serían alejandrinos [14 sílabas] con sus dos hemistiquios [7+7] que también rimarían el del verso 1 con el del 14 etc [aAbB…bBaA]; los versos 6,7,8,9 serían un cuarteto normalito; el poema podría doblarse por la mitad y abrocharse mentalmente. lo dibujaría para que su insinceridad fuera soportable. [nunca lo voy a hacer, obvio; parece de carlos argentino daneri.]

* * *

2. escribir una breve historia de la luz a la hora de coger. los gazmoños romanos, al parecer, siempre apagaban la vela porque encuerarse con las luces prendidas era “conducta de prostituta”. multiplicar referencias. por ejemplo, el intercambio de insultos que está en horacio, sátiras, II, 7:

te coniunx aliena capit, meretricula davum.
peccat uter nostrum cruce dignius? acris ubi me
natura intendit, sub clara nuda lucerna
quaecumque excepit turgentis verbera caudae,


“una puta desnuda cerca de una lámpara que la ilumina”, y aquella mujer que le niega el favor de su desnudez a su marido reclamón en marcial, XI, 104, el epigrama que empieza: uxor, vade foras aut moribus utere nostris: “vieja, o te acoplas o le llegas” y cuyos versos 5,6 van:

tu tenebris gaudes: me ludere teste lucerna
et iuvat admissa rompere luce latus


y que james michie traduce, simpáticamente:

you prefer darkness: i enjoy love-making
with a witness –a lamp shining or the dawn breaking;


también podría colar enterito ovidio, amores, I, 5 [
clic], cuando corina visita al poeta, extrañísimamente, en la tarde, a la hora que parece que febo está muriendo,

qualia sublucent fugiente crepuscula phoebo,

entonces llega corina, cubierta apenas por su túnica y el pelo suelto sobre el cuello blanco,

tunica velata recincta,
candida dividua colla tegente coma—


y ovidio [bueno, “ovidio”] lucha por quitar ese velo suavísimo, y corina resiste, y él vence, y la luz de la media ventana abierta cae sobre esa desnudez:

quos umeros, quales vidi tetigique lacertos!
forma papillarum quam fuit apta premi!
quam castigato planus sub pectore venter!
quantum et quale latus! quam iuvenale femur!


qué hombros vi y toqué, qué brazos, y los senos como hechos para apretarlos, qué plano el vientre bajo su cintura delgadita, qué cadera y qué jóvenes muslos! todo eso que no es visible cuando hacemos el amor en la noche y con las luces apagadas, como cinthya y propercio en II, 15,

o me felicem! o nox mihi candida! et o tu
lectule deliciis facte beate meis!
quam multa apposita narramus verba lucerna,
quantaque sublato lumine rixa fuit!
nam modo nudatis mecum est luctata papillis,
interdum tunica duxit operta moram.
illa meos somno lapsos patefecit ocellos
ore suo et dixit ‘sicine, lente, iaces?’


dichoso yo, y dichosa noche brillante, y dichosa cama bendita por mi gozo, cuántas palabras gastadas bajo la luz y qué luchar juntos con las luces apagadas; y ahora con los senos desnudos forcejea, y se recoge la túnica, y me dice que me aguante… y con los labios sobre mis párpados cubiertos de sueño me dice ahora: flojonazo! [
nota mental: ayer leí esta frase: “sólo los libertinos de la antología griega ponen como testigo del exceso de sus placeres a su lámpara, que se queda encendida”. buscar.] y avanzar por los siglos y llegar a la quinta elegía romana de goethe y a sus hexámetros finales:

amor schüret die lamp’indes und gedenket der zeiten,
da er den nämlichen dienst seinen triumvirn getan,


y amor baja las luces y piensa en el tiempo que hacía lo mismo por su triunvirato de poetas [ovidio, propercio, tibulo], y tal vez antes de acabar citar el reverso, aquellas palabras que cantaba napoleón [y luego josé josé] en lo que un día fue no será:

déjame encender la luz
no quiero nada
si esto hubiera sido ayer
lo tomaría,

y entonces, pero sólo en las últimas dos o tres líneas, te darías cuenta de que todo el texto era para pedirte a ti –que eres como una niña para estas cosas– que me dejes encender la luz la próxima vez que a media noche nos despertemos para coger, y pueda ver tu cuerpo jovencísimo, más joven que la lluvia d’esta tarde, cuerpo como un pequeño río tranquilo, y perderme en los reflejos de su breve transparencia.


página 94


Un párrafo hallado al final del capítulo Confidencias falsas de L'élegie érotique romaine de Paul Veyne y que, en vista de diversos acontecimientos recientes, dan ganas de imprimir y clavar en la puerta de mi casa como Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg.

Obra de esteta, la elegía no pretende ser una confesión; obra fría, no brota de un corazón oprimido. Pero, en una ciudad chismosa como Roma, las gentes sabían que tal o cual noble o poeta tenía tal o cual amante; se pensaba, por tanto, que aquella cruel a la que él cantaba en sus versos y la manceba real eran necesariamente una sola y misma persona, pues siempre se ha creído, a la vez, que los poetas mienten y que la poesía habla de algo: ante un poema, se busca instintivamente cuál será su equivalente en la realidad. (A muchas personas les ha costado trabajo comprender que la pintura abstracta no representa nada...) Y la menor experiencia revela también que, aún en nuestros días, la credulidad de los lectores es infinita. Publicad cualquier articulillo fantasioso, recargado, pero en primera persona y, de París a Tokio, todos vuestros amigos y conocidos verán allí vuestra autobiografía; eso no falla.


paréntesis


francesca y yo quedamos en hacer varias cosas. entre ellas, mutuas traducciones.
ésta es de su poema de paréntesis. a ver qué tal.

(
un beso secuestrado en una esquina
y un beso de balcón
y un bar
los besos prolongándose en la esquina
y fueron ciento y luego mil y ciento
y uno más que borrara cada duda

no hay dudas que resistan esa lluvia
las dudas nunca nunca cristalizan
hay certezas tan sólo en esta pausa
nuestras falsas certezas cristalinas

robándome de mí
robándome en la esquina abriendo puertas
alzamos este espacio y esta página
este silencio blanco que empolvaron
símbolos negros de interrogación:

para dónde el olor a ropa limpia
el humo y el perfume?
y dónde nuestros nombres jeroglíficos
en esa esquina eterna?
las letras se reordenan
son falsas iniciales
de una cama mojada en este mundo
cómo cierro el cajón d’este paréntesis?
propongo una manera y es así:
)

envío
un paréntesis cuando no se cierra
es una herida abierta siempre, siempre,
es algo así:
escribo en cada lámpara tu nombre
es algo así:
mis manos qué vacías se quedaron

(un perfil que mandaste desde lejos:
paréntesis que queda por cerrar)


con prisas

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si tuviera tiempo postearía sobre ir a españa, sobre cerdo ibérico, sobre las cosas que no se debe hacer en el mercado de san juan [una: buscar un gigot de cordero para cocinar el mismo día: todo está odiosamente congelado; dos: comprar tacos de gusanos de maguey con los viejitos de afuera que se ven rebuenos todos flacos pero son unas lacras: pinche microtaco de salsa a veinticinco pesos crudelísimos], o sobre cualquier otra cosa. en lugar de eso, este poema que leí en métrica española del siglo xx. no hay tiempo para nada más.

(Charles River, Cambridge, Massachusetts)

Yo me senté en la orilla;
quería preguntarte, preguntarme tu secreto;
convencerme de que los ríos resbalan hacia un anhelo y viven;
y que cada uno nace y muere distinto (lo mismo que a ti te llaman Carlos).
Quería preguntarte, mi alma quería preguntarte
por qué anhelas, hacia qué resbalas, para qué vives.
Dímelo, río,
y dime, di, por qué te llaman Carlos.

Ah, loco, yo, loco, quería saber qué eras, quién eras
(género, especie)
y qué eran, qué significaban «fluir», «fluido», «fluente»;
qué instante era tu instante;
cuál de tus mil reflejos, tu reflejo absoluto
yo quería indagar el último recinto de tu vida:
tu unicidad, esa alma de agua única,
por la que te conocen por Carlos.

Carlos es una tristeza, muy mansa y gris, que fluye
entre edificios nobles, a Minerva sagrados
y entre hangares que anuncios y consignas coronan.
Y el río fluye y fluye, indiferente.
A veces, suburbana, verde, una sonrisilla
de hierba se distiende, pegada a la ribera.
Yo me he sentado allí, sobre la hierba quemada del invierno
--------para pensar por qué los ríos
siempre anhelan futuro, como tú lento y gris.
Y para preguntarte por qué te llaman Carlos.

Y tu fluías, fluías, sin cesar, indiferente,
y no escuchabas a tu amante extático,
que te miraba preguntándote,
como miramos a nuestra primera enamorada para saber si le
--------fluye un alma por los ojos,
y si en su sima el mundo será todo luz blanca,
o si acaso su sonreír es sólo eso: una boca amarga que besa.
Así te preguntaba: como le preguntamos a Dios en la sombra
--------de los quince años,
entre fiebres oscuras y los días –qué verano– tan lentos.
Yo quería que me revelaras el secreto de la vida
y de tu vida, y por qué te llamaban Carlos.

Yo no sé por qué me he puesto tan triste, contemplando
el fluir de este río
Un río es agua, lágrimas: mas no sé quién las llora.
El río Carlos es una tristeza gris, mas no sé quién la llora.
Pero sé que la tristeza es gris y fluye.
Porque sólo fluye en el mundo la tristeza.
Todo lo que fluye es lágrimas.
Todo lo que fluye es tristeza, y no sabemos de dónde viene la tristeza.
Como yo no sé quién te llora, río Carlos,
como yo no sé por qué eres una tristeza
ni por qué te llaman Carlos.

Era bien de mañana cuando yo me he sentado a contemplar el
--------misterio fluyente de este río,
y he pasado muchas horas preguntándome, preguntándote.
Preguntando a este río, gris lo mismo que un dios;
preguntándome, como se le pregunta a un dios triste:
¿qué buscan los ríos?, ¿qué es un río?
Dime, dime qué eres, qué buscas,
río, y por qué te llaman Carlos.

Y ahora me fluye dentro una tristeza,
un río de tristeza gris,
con lentos puentes grises, como estructuras funerales grises.
Tengo frío en el alma y en los pies.
Y el sol se pone.
Ha debido pasar mucho tiempo.
Ha debido pasar el tiempo lento, lento, minutos, siglos, eras.
Ha debido pasar toda la pena del mundo, como un tiempo lentísimo.
Han debido pasar todas las lágrimas del mundo, como un río indiferente.
Ha debido pasar mucho tiempo, amigos míos, mucho tiempo
desde que yo me senté aquí en la orilla, a orillas
de esta tristeza, de este
río al que le llamaban Alonso, digo, Carlos.


apuntes bibliográficos


en las últimas discusiones de sobremesa, gabo o pollo o el negro han sacado a la luz a algunos autores que se antoja leer:

- manuel aquino, poeta romántico, místico y filosófico mejicano;
- xavier villaurgüengoita;
y el más mencionado de todos:
- octavio arrulfo, autor del célebre confabulario piedra en llamas, que comienza así:

Vine a Comala a buscar un sauce de cristal, un chopo de agua, y porque me dijeron que aquí vivía un rico –un tal Pedro Páramo– que había logrado pasar por el culo de un camello.


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